Las buscadoras

La lucha de las mujeres laguneras por la verdad, la justicia y la memoria de los desaparecidos

Textos por Ruth Castro (@ruthinera)
Ilustraciones por Julia Reyes Retana (@juliareyes)

La mujeres de “Las buscadoras”, de Erika Soto / Walter Salazar (El Astillero Libros, 2019 – con apoyo de FONCA) aprendieron, como todas nosotras, a “ser mujeres”. Construyeron su identidad a partir de una cultura, una sociedad, un punto en la historia, sin saber de ella en realidad. Como todas, construyeron esa identidad de género mediante el aprendizaje de roles, ideas, creencias, atribuciones y limitaciones de las personas según su sexo biológico. Aprendieron a ser madres y esposas, a ser “para y de otros”. Aprendieron que sus necesidades y deseos son de los demás y que ellas están para satisfacerlos maternal y conyugalmente. Pero la desaparición de un ser querido [sus hijos(as), sus esposos] transformó radicalmente sus vidas y desde ahí trastocaron y reconfiguraron estas identidades.

Primero los perdieron. Pidieron ayuda, y quien debe procurar seguridad y protección no se las dio. A cambio vino para ellas incertidumbre, inestabilidad emocional, física y psicológica. Transitaron por sentimientos de dolor, angustia y ansiedad. El ser “para y de otros” se convirtió en ser “para el ausente” y la búsqueda en su proyecto de vida. Se olvidaron de sí mismas y de quienes las rodean. Se deterioraron físicamente por mantener estados de constante alerta, falta de sueño y apetito. Para algunas llegó la depresión y pensamientos de suicidio. Se alojó el autocastigo por culpa; como si fueran responsables no sólo de su desaparición; también de la posibilidad de sufrimiento continuado. Sometieron sus cuerpos a altos niveles de estrés. Se enfermaron.

Buscar fue—es, para ellas—una forma (la única) de mitigar el dolor. Dejaron las tareas que hasta entonces estaban acostumbradas a realizar. Dejaron, en muchos casos, de ser madres y esposas. También por ello se sintieron culpables, por no cumplir con las expectativas: afectaron, sin querer, lo que condicionaba su género. Algunas dejaron su trabajo remunerado para dedicarse a labores que les permitieran seguir involucradas en las búsquedas, en los cansados trámites. Gastaron todo lo que tenían, pidieron prestado para los continuos traslados, papeleo y extorsiones que implica buscar. Fueron estigmatizadas por sus afectos, por sus vecinos, porque sus desaparecidos “seguro andaban metidos en algo”. Perdieron relaciones. La sociedad las excluyó, las amistades las abandonaron y ellas mismas se alejaron. Comprendieron que la desaparición de un ser querido es un duelo permanente. Se excluyeron.

La injusticia y la desesperación las llevó a buscar a otras “hermanas en el dolor”. En las organizaciones encontraron formas de acompañamiento, de acuerparse, de hacer comunidad con un mismo fin. En grupo se escucharon, se aconsejaron, se apoyaron, se hicieron fuertes. La búsqueda individual se volvió colectiva, dejaron de buscar a uno para adoptarlos a todos. Entonces comenzaron a nombrar, a manifestarse, a ser visibles, a contar sus historias de manera pública.

Reivindicaron con sus historias la reducción numérica a la que las ha condenado el Estado. Se alejaron del espacio privado para incorporarse al ámbito público. Convirtieron lo personal en político. Rompieron el silencio de la impunidad con sus protestas. Ahora, ocupan espacios públicos para visibilizar el problema, para despertar a la sociedad pasiva y a las autoridades indolentes. Han colocado el tema de la desaparición en la agenda pública y obligan al aparato estatal a generar políticas de atención a las víctimas que antes no existían.

Son luchadoras sociales. Dejaron de ser lo que eran (maestras, obreras, amas de casa, profesionistas). Dejaron de ser sólo eso, para convertirse en representantes, voceras, activistas, luchadoras, exploradoras, ponentes, especialistas, forenses, organizadoras. Han hecho el trabajo que le corresponde a las autoridades. Exigen justicia. Se rebelan ante la idea de que hay que respetar y obedecer las leyes porque dejaron de creer en ellas.

Rompen con los esquemas de pasividad, sumisión y obediencia. Se organizan con otras, buscan, se capacitan, se especializan. Participan en el ámbito político, demandan atención, exigen justicia, participan en la elaboración de leyes y confrontan a las autoridades. Rompen con las estructuras de dominación que les dijeron que no, que no tuvieran esperanza, que no denunciaran, que se quedaran en casa, que criminalizaran también a las víctimas para negarles el acceso a la justicia, que no merecen justicia. Les ofrecieron dinero a cambio de su silencio.

Ahora entienden que la desaparición de personas es una expresión del triunfo ideológico del sistema capitalista. El predominio del interés económico por encima de la vida y la libertad de los sujetos. Ellas reivindican el valor de la vida frente al capital, la importancia de la libertad y la dignidad humana frente al dinero. Las motiva el amor, pero también la rabia. Por momentos aparece el desgano y la fatiga, pero estas mujeres saben que si ellas no buscan, nadie más lo hará, de ellas depende encontrar la verdad. Son circunstancias que nunca pidieron vivir. Aprendieron a sobrevivir con el dolor, y perdieron el miedo. Saben que la lucha es el único camino. Este libro es por ellas y para ellas.

*Este texto surge como paráfrasis de la segunda parte de “Las buscadoras” y fue leído en la primera presentación del mismo en Torreón, Coahuila.


Ruth Castro (Ciudad de México – Torreón, 1981) escribe, edita y hace gestión cultural en literatura y promoción de la lectura. Licenciada en Lengua y Letras Hispánicas por la Universidad Veracruzana. Es editora de El Astillero Libros. Ha colaborado en revistas y publicaciones como ContrapuntoDiario La TempestadMetrópolisAcequiasLitoral-eSorbo de LetrasLa Soldadera, de El Sol de Zacatecas, entre otras, con artículos, ensayos y textos de ficción. Ha impartido talleres y cursos de literatura, escritura, edición y de mediación de lectura. Es fundadora de la librería El Astillero, en Torreón y asesora en bibliotecología en el Museo Arocena.


“Las buscadoras” es el primer título bajo el sello de El Astillero Libros / licencia Creative Commons. Está disponible para descarga gratuita en: www.elastillerolibros.com

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