Tapestry

Textos: Irma Uribe (@irmolauro)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)

En mi casa mientras crecía, había dos tipos de tesoros: los libros y los discos. Tal vez no es sorpresa que yo me dedique a las letras y mi hermana a la música. Cuando fuimos grandes, los tesoros se dividieron: ella se llevaría los vinilos y yo nuestra colección de libros infantiles. Para entonces ya nos habíamos deshecho de la colección de Archies y La pantera rosa, que fue un error pero no podíamos adivinarlo. Hicimos un solo intercambio, mi hermana y yo: un libro por un disco. Ella se quedó con Una cena con zorro. Yo me quedé con Tapestry, de Carole King.

Tapestry es mi disco favorito desde que tengo uso de razón (mi segundo favorito, por si les queda la duda, es Funeral de The Arcade Fire). Y es que soy de las que escuchan discos completos. Me siento vieja cuando pienso que ya no es normal hacerlo – ahora se escuchan listas: una canción de una artista seguida de una canción de alguien diferente. Yo soy más feliz cuando le pongo play a un disco y lo escucho hasta que se acaba. Me gusta cuando sé qué canción sigue y también cuando no sé y empieza la que sigue y me emociono.

No soy experta en música. Pero cuando empezamos La pluma, me vino la necesidad de escribir sobre este precioso álbum. No voy a opinar de la teoría musical detrás del disco porque tendría que inventar, pero sí de lo que puedo entender desde la emoción. Tapestry es una colección de canciones personales que de alguna manera festejan las partidas, los rompimientos, los finales, los recuerdos. Tiene el sentimiento rockero y la voz dulce y rasposa de Carole King y una melancolía absoluta. Desde siempre he asignado colores a las personas y Carole King, como este disco, son azules y amarillos.

El álbum tiene más de 45 años pero es atemporal. Es un grito de realidad. Escrito (música y letras, en su mayoría) por una mujer que se atrevió a hacer canciones en las que habla con certeza: el amor se acaba, la gente se va, perdemos el control, necesitamos recordar quiénes somos, extrañamos a quienes ya no están y a veces necesitamos irnos nosotras también. Todas estas verdades – muchas veces dolorosas – son dignas de reconocimiento y hasta de celebración en forma de canciones con piano. Me gusta que en Tapestry, Carole King se da chance de estar triste pero no se queda así para siempre, sufriendo por algo que ya fue. Mi mamá siempre ha dicho que soy medio cínica. Carole King – y de mi abuelita, parecían saber desde siempre que estar triste no es lo mismo que hacer drama.

Para mí este disco te hace sentir lo que sientes después de llorar toda una noche y salir en la mañana, que te pegue el aire y te despierte del estado en el que estabas. El puro piano de la entrada de I Feel the Earth Move es suficiente para ponerme de buenas. Pero no de buenas en un mood fiestero. Es un “de buenas” como cuando respiras profundo o como cuando te sientes lista para lo que venga: medio melancólico, medio pies en la tierra, medio ganas de cantar.

Las canciones de Tapestry son un viaje a una época en la que yo no viví pero que recuerdo a través de la música y de las pláticas con mi mamá. Se sienten como algo conocido, como una certeza. Este álbum es mi conexión, tal vez por eso es mi favorito de todos los tiempos: me conecta con mi persona hippie, con mi mamá en la cocina tomando café en la mañana, con los tesoros de la infancia divididos con mi hermana, con los discos de mi papá en su librero de la oficina.

Es mi red de protección esas veces que traigo algo por lo que no quiero llorar y entonces pongo el disco y lloro y le echo la culpa a Carole King. Es también un recordatorio de que me gusta cantar y tocar el piano aunque no lo haga desde que tengo 16, de tiempos pasados propios y ajenos. Y una inspiración increíble para escribir.


Irma L Uribe es fundadora de ateconqueso, una empresa social que busca que todos los niños tengan libros en su casa. Es feminista desde hace mucho y mamá desde hace poco. Cree que los libros son también juguetes y tiene la manía de subrayarlos. Le gusta leer y escribir y junto con Luisa, creó La pluma abominable como un pretexto para hacerlo más en serio. Es autora de varios títulos infantiles y en otra vida se dedicó a la política social desde el PNUD y Fundación IDEA. Irma es Maestra en Economía política del desarrollo por la Universidad de Toronto y Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas, Puebla.


Tapestry, de Carole King (1971) está disponible en Apple Music: https://itunes.apple.com/us/album/tapestry/747087657

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