Kathleen Hanna y el regreso de Bikini Kill

Textos: Carola Barrientos (@floweredbrain)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Me encantaría ir directa al punto por el que escribo hoy: el regreso de Bikini Kill. Pero me siento obligada a antes de llegar a eso, escribir algunos datos sobre porqué Bikini Kill es una banda feminista punk mundialmente reconocida, sobre sus integrantas (!) y sobre por qué su actitud y pensamiento se nos impregnan a las mujeres cuando escuchamos sus canciones.

Kathleen Hanna es originaria de Portland, Oregón y estudio fotografía en The Evergreen State College. Sin saber tocar ningún instrumento, sin el interés de la industria musical, sin ganancias ni contratos de por medio, decidió proclamar sus pensamientos revolucionarios y anécdotas sexistas en canciones que ella solía escribir. Estas anécdotas, cabe mencionar, no eran propias sino imaginarias: ella pensaba que alguien en este mundo le estaban sucediendo. Así, entró a la escena underground con sus primeras dos bandas de hardcore compuestas por mujeres. Juntas, se expusieron ante un público masculino y sus rechazos – porque que la música que provenía de las mujeres era basura, y los intimidantes slams eran anti mujeres. Kathleen Hanna entonces entendió que la unión hace la fuerza y decidió cantar por y para las mujeres.

Trabajaba en un bar de bailarina y lo gritaba a los mil vientos: amaba la danza y le pagaban por ello. Al hacerlo público, esperaba acumular rechazos y prejuicios. Cuentan que llegó a decirlo frente a una audiencia feminista, de la cual recibió un cierto rechazo. A Hanna le ha gustado siempre poner en jaque a todo el mundo, lograr que las personas se contradijeran en su pensamiento y doble moral. Poco a poco sus palabras de protesta – algunas de ellas escritas en su piel – lograron avances en la ortodoxia de los movimientos intelectuales feministas.

Con este cúmulo de vivencias y en busca de algo más, se mudó a Olympia, Washington en 1990. Ahí formó el movimiento RIOT GRRRL! que en su inicio realizaba pláticas en cafeterías y hacía performance de anécdotas de violaciones y abusos hacia la mujer – el más famoso y el único que se grabó fue The Middle of the Night in My House. Las fuerzas feministas unidas y llenas de creatividad dieron paso al fanzine RIOT GRRRL!, compuesto por poemas, reflexiones sociales, anécdotas de ataques sexuales y de violencia doméstica, collages, dibujos y algunas cosas escritas a mano y a máquina. Imprimían cerca de 100 fanzines por tomo y lo entregaban en escuelas y en las calles. Ahí mismo, solicitaban ayuda económica por correo para seguir publicando y ponían la dirección de sus oficinas principales (una cafetería). Su método de distribución: “Por favor termina de leer y entrégalo a alguien más, XOXOXO”, resultó exitoso. Recibieron cartas con arte de chicas en otros estados y así, el fanzine llegó mucho más allá de Washington.

La primera vez que leí los fanzines, me transporté: a los noventa, con la necesidad de encontrar un grupo de mujeres que se apoyan y tienen ganas de derrocar al sistema. Se los dejo para que se inspiren y se transporten a las mentes de las niñas, adolescentes y mujeres que leían estos fanzines, quienes se hacían llamar Riots Grrrls!, como si fuera una asociación, un club. Hubo ocasiones incluso, que bandas de mujeres de la época como Huggy Bear quienes, inspiradas por estas publicaciones – decían que su género musical era Riot grrrl!.

En la universidad, Kathleen Hanna conoció a Kurt Cobain, quien se convirtió en amigo de conversaciones intensas, llenas de alcohol, droga, filosofía y por supuesto feminismo. Ella fue quien bautizó el primer hit de Cobain al rayar en la pared con un aerosol “Kurt smells like teen spirit”. Y fue Kurt mismo, quien la incitó a empezar una banda más y prometió que esta vez iba a escucharla todo el mundo. Bikini Kill nació en 1991 y se unió se unieron a X-Ray Xpex, The bags, The slits, The Raincoats, Huggy bear, Brat Mobile y muchas más bandas de la época del grunge con un equipo de tres mujeres (batería, bajo y voz) y un hombre (bajo).

La primera vez que se subieron a un escenario, las integrantes se notaban con una seguridad desmesurada, y se presentar al grito de “We are Bikini Kill and we want revolution”. Sacudían el pelo y bailaban a tal punto de atorarse con los cables y caerse. Kathleen Hanna en particular, bailaba al son de un ataque epiléptico, con outfits que incluían vestidos infantiles o sólo calzones mientras acariciaba con orgullo su crecimiento de bello en el “área de bikini” y de la axila.

“All girls to the front, I’m not kidding” y “All boys be cool, for once in your lives, go back! Back… back!” Esas palabras, esos actos con su público, tuvieron un gran impacto. Nunca antes alguna banda había dicho y manipulado a sus espectadores a realizar tales actividades. Los hombres podían estar presentes siempre, pero nunca dominar el ambiente. El rumor de que una nueva era de voz femenina venía a acaparar el punk, sus escenarios y la dominación machista que frenaba el poder femenino, se hicieron cada vez más fuertes.

El resplandor de Bikini Kill fue fugaz y duró menos de tres años, pero sus gritos de revolución permanecieron y fueron agregados a la historia. Llegaron a tocar con Joan Jett y retaron a la banda de chicas punks L7 a tocar en vestidos de Miss Universo. En 1992 Bikini Kill tocó en una de las marchas feministas más grandes de la historia en Washington, en la que más de medio millón de mujeres se reunieron en las calles para reclamar su derecho al aborto legal. Según Sara Marcus, “Bikini Kill creció y se volvió un ícono del feminismo a nivel mundial”. Su último concierto fue en 1997.

Este año, 22 años después, decidieron retomar los escenarios con dos fechas (suficiente para la banda pero no para la humanidad). La primera fecha es el 25 de Abril en Hollywood Palladium California y los boletos se agotaron en exactamente cuatro minutos; tuvieron que abrir cuatro fechas más en ese mismo lugar y seis fechas en Brooklyn NY, Londres y Leicester. Todos sus shows están completamente vendidos. Estoy segura que regresarán derrochando revolución feminista: por primera vez en la historia de Binkini Kill, la banda estará compuesta por mujeres en totalidad. Kathleen Hanna en la voz, Tobi Vail en la batería y Kathi Wilcox en el bajo. Como reemplazo del guitarrista Billy Karren, estará Erica Dawn Lyle.

Ni groupies, ni musas, queremos rock y a todas las mujeres al frente.


Carola Barrientos (@floweredbrain) vive en Guadalajara, Jalisco aunque es chilanga de corazón y de nacimiento. Tiene 27 años y no le parece importante decir que es Licenciada en Administración. Es una apasionada de la música – en especial por el rock-punk y de lectura escrita por mujeres. Le interesan siempre los movimientos feministas y de justicia social y está encantada de escribir para La Pluma Abominable.


Escucha las imprescindibles de Bikini Kill aquí: https://goo.gl/meZzyw


Todo lo escrito en este texto está basado en el libro “Girls to the front” de Sara Marcus, así como en el documental “A punk Singer” de Sini Anderson y de muchas lecturas sobre Bikini Kill regadas por internet.

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