Mary Wollstonecraft: decidir sobre el cuerpo propio, decidir la muerte

Textos: Valeria Matos (@matosvaleria)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)

Sin ellas la historia es incompleta. Ficciones como puentes

¿Cuántas gotas de láudano se necesitan para morir? La lengua en punta lista para recibir una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, trece… Los ojos entrecerrados, espasmos viscerales, jadeos, el arrepentimiento en el último segundo, es imposible abrir los párpados, labios lazados de extremo a extremo.

Sueño mortal: Una aguja debe traspasar la tela sin rasgarla, el bordado mantener la igualdad al derecho y al revés; un dedo pinchado, aléjelo inmediatamente de la seda, si la mancha, será difícil devolver su blancura. Siéntese derecha, jamás abra las piernas, cubra sus tobillos, recójase el cabello, no se ría a carcajadas, no muestre tristeza ni alegría, sino recato, elegancia, alargue el cuello como cisne, camine con la cintura amordazada, como su boca, como su mente. Exista lo menos posible.

Cuide a su marido, es su benefactor. Eduque a los hijos, de ello depende que sean o no los hombres que gobiernen el mundo. La esfera pública no es para usted, señorita del siglo XVIII. Si su inteligencia rebasa la común, sufrirá mucho más (los pensamientos y emociones estallan dentro de maneras dolorosas), pero si la controla, podrá casarse y vivir decentemente. Ser una perdida, una loca dominada por las pasiones, por el placer (cualquiera que éste sea) la llevará a la soledad, a la pobreza, al rechazo, a la burla; una mujer sin hombre no es nadie porque ante la ley no tiene quién hable por ella; decir y escribir sus reflexiones políticas podrían guiarla a la cárcel, ah sí, también a la guillotina, como Olympe de Gouges en Francia [Mary tiene la imagen recurrente de ver a su amiga tendida en el cadalso, rodeada por cientos de personas que miran la sangre como si fueran a lamerla del suelo; la historia es la seda ante el dedo pinchado].

Sea prudente,  niña eterna.  Una cosa más, mientras continúa escogiendo los vegetales y un pato gordito para quebrarle el pescuezo con el fin de llevarlo a la mesa, debemos aclararle una confusión: la Declaración de los Derechos del Hombre no habla de usted  [para quienes sigan riéndose del lenguaje incluyente y aplaudan las reglas de la RAE]. Su educación es lo dicho. ¿Tiene que trabajar? Sea institutriz. Sirva a alguien. A menos que su destino sea el de obrera. Pida a Dios otros planes… 

Mary trata de aletear como pájaro en jaula. ⎯No. ⎯balbucea⎯.  Se observa con caireles y un vestido pequeñito encima del cuerpo delgado. De niña lee a escondidas, hay librerías por todos lados, la prensa lo facilita, es cuestión de ocultarse entre los estantes (también estar lejos de la mirada del padre que ha golpeado a su madre otra vez). ⎯ “En mi lucha por los derechos de las mujeres, mi argumento principal se basa sobre el principio elemental de que si la mujer no está preparada, mediante la educación, para convertirse en la compañera del hombre, será ella quien frenará el progreso del saber y de la virtud, pues la verdad debe ser siempre patrimonio de todos y si no, no tendrá influencia en la vida. ⎯Repetía de memoria fragmentos escritos por su puño y letra. Decir en papel o como sea: vital para contrarrestar la asfixia. Respirar.  

Es ella quien corre hacia el Támesis entre el viento y nebulosas azules. Primero juega a sumergirse, después toca el fondo con la espalda que se vuelve ancla,  trata de encontrar el sol, su reflejo es parte de las burbujas que suben lentamente en color ultramarino y revientan de pronto. Es testigo un pez diminuto de columna vertebral expuesta (da de lengüetazos en los ojos lupa).  Ella se reconoce entre el agua y un paisaje abismal.  El pecho contraído. No escucha el grito propio.


Dicen que Mary Wollstonecraft eligió tintura de opio para morir de tristeza (cuando menos en esa ocasión), y es que Gilbert Imlay la abandonó (un aventurero americano – son carismáticos, divertidos – de quien estuvo enamorada y con quien procreó una hija). Puede ser. Existen mujeres que sienten con intensidad solar (la ciencia las llama de diferentes maneras, pero la ciencia es fascinante por equivocaciones varias). En el amor todo puede suceder. En el amor y en medio de una revolución, y siendo inglesa en territorio hostil. En el amor todo puede suceder, y con una hija qué mantener en un siglo en el que las mujeres conseguían trabajo digno y bien remunerado difícilmente inmersas en una sociedad sexista. Sola, sin estar casada, con una hija en el siglo XVIII. Cierto, Mary le lloró, le suplicó a Imlay, lo hartó, lo incomodó. El resultado: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, trece, más gotas de labdanum, lo hermoso de morir pronunciando latín.

París ardía y ella con él. La mujer que decide vivir en una ciudad como inmigrante en medio de una revolución, sosteniendo ideales políticos propios, es nido de valentía, de impulso quizá, por decir lo menos. Toda valiente tiene algo parecido a lo suicida, parecido, dije. Entonces sí, Wollstonecraft se adueñó de su cuerpo. Quería dejar de respirar entre las sábanas de su cama, en la misma donde, después de ser una señorita educada de manera virginal, se descubrió más que tobillos y cintura y desató el cabello durante varios meses junto a Imlay. Pensar, sentir, amar, ser. Vocaciones que descubrió ahí también únicas, agolpadas en la escritura para impactar en otras mujeres y crear quimeras invencibles.  

Su espíritu le impedía seguir las reglas. El intelecto tiene vida propia, las emociones igual, mucho más en medio de un siglo convulso, entre una revuelta como la francesa y la lucha por los derechos (porque si ellos tenían pocos, ellas no tenían ninguno, ni presencia siquiera; no ser ciudadana es no ser, punto). 

Despertar:Abrir los pulmones, la boca, los ojos. Las manos reconocen el cuerpo, desde las mejillas, los pechos, las caderas. El techo encima y no el cielo. Un chillido acelera el corazón.  Un remolino la expulsó hacia la tierra. ¿Se es dueña de algo, del cuerpo? A veces tal vez y con firmeza, con fortaleza. 

Cuando el espíritu nació hecho de membranas tan resistentes, pequeñas redes que almacenan emociones cual electricidad, es difícil que las gotitas con puntas venenosas las destruyan. Eso vendrá algunos años después, mas no por voluntad. Eso será posterior a publicar, a ser reconocida como escritora (también agredida, ninguna nos libramos de semejante gesto), después de enamorarse más de una vez y días después de dar a luz a una segunda hija. Dar a luz es una expresión que me gusta, sobretodo cuando se da a luz a alguien como Mary Shelley. 

“Justicia para una mitad de la raza humana.”


Valeria Matos mezcla realidades de otros tiempos y ficciones a través de la escritura. Tiene el título de Maestra en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco y es Licenciada en Historia por el Instituto Cultural Helénico-UNAM. 

Está interesada en el análisis de los procesos históricos y los productos culturales con el objetivo de visibilizar la participación de ellas y la inequidad entre los géneros. A partir de lo anterior, reflexiona sobre el presente. Su tema preferido: la presencia de mujeres. Habla de esto (y por lo tanto de la vida) en el Museo Memoria y Tolerancia, en donde la invitan muchos viernes al año. 

Cuenta con diversas publicaciones, que incluyen Esencia de Líder (2016), bajo el sello Grijalbo, en coautoría con Alejandra Llamas, y ¿Vivir del arte? Sí. El universo del mercado y la valuación de las artes plásticas (2018), en coautoría con Rafael Matos, publicado por Puntal, Fundación Javier Marín. 

Es heredera de la insurrección femenina. Es la molestia del siglo, es feminista.

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