Samantha Schweblin: Distancia de rescate

Textos: Denice Flores (@denice)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Si escribo esta pequeña reseña es por una de esas buenas jugadas del destino, de esas cosas que te pasan porque al parecer así debía ser; una sucesión de actos como en una máquina de efectos encadenados que permitieron que un tweet fuera el primero en llegar al timeline del programa Poderoso de la plataforma Convoy, durante una dinámica para ganarse un libro de Samantha Schweblin directo de las manos de las chicas de La pluma abominable, una mañana de un día como muchos otros para mí en la oficina.

Tener el libro en las manos fue como recibir la carta de un amigo, de esos que de verdad te quieren. Una experiencia cálida para el corazón, cuidadosamente envuelto en un papel de flores rojo y trozos de washi tape en perfecta combinación. Cuando terminé de desenvolverlo con mucha delicadeza, por fin entre mis manos tenía “Distancia de rescate” de Samantha Schweblin. Estaba emocionada, como cuando vas a conocer a alguien en una cita a ciegas. Con el regalo venía también la oportunidad de hacer esta reseña, un extracto de las palabras que han salido de la mente de la autora. A veces no aprecio lo que implica que llegue a mis manos un libro, un lienzo, una ilustración. Son pedacitos del alma del autor de la obra tocando tu vida.

“Distancia de rescate” en un principio se revela como un sueño, como una ventana empañada que poco a poco, con el cambio de temperatura, te permite descubrir las formas de lo que hay en el interior de una casa. Es continuamente misterioso por lo difícil que es vislumbrar entre una intensa luz y el calor que te sofoca, para después estar de nuevo en completa penumbra y ser incapaz de percibir nada. En el libro, el diálogo entre personajes que se mantienen ocultos a cada párrafo son inquietantes, no terminan de revelarse, no sabes quién habla, en donde está, si está vivo, muerto, si es un sueño o es la realidad.

David es un niño y un adulto al mismo tiempo, ¿qué ha pasado con él? ¿Es todo un recuerdo o son dos espirales de tiempo intrincados? Cada vez que das vuelta a la página sientes que la historia oscila entre un sueño y la peor pesadilla, lo sibilino de la historia no termina. ¿Debería temerle al hijo de Carla?, ¿a dónde se fue Nina? La tensión se siente en los músculos, también en el estómago, hay una extraña sensación de hueco, algo hace falta y quieres constantemente completar el espacio vacío, pero no sabes cómo, ni con qué, no hay opción.

¿En dónde están esos malditos gusanos? Podrías hacer tantas cosas, correr para asomarte por las ventanas, subir al coche y buscar en los espacios del los asientos donde siempre se te pierden las pequeñas cosas que a veces resultan indispensables, te impulsa la necesidad de descifrar un enigma con la certeza que te brinda la luz de un fósforo a mitad de la noche en completa oscuridad y completamente solo. Te encuentras tan solo, en un espacio sin límites con la sensación de estar atrapado en la inmensidad.

¿Y ahora qué, Amanda?


Denice Flores Caballero es diseñadora gráfica. Actualmente estudia filosofía y tanatología y trabaja y estudia en la UNAM.

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