La reina del albur

Textos: Francelia Bahena (@franbahena)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Adiós reinita

Hola, soy Francelia y me presento oficialmente en la Pluma Abominable, éstas son las primeras letras que comparto para ustedes con mucho amor y chorros de fuerza, dos características que Lourdes Ruíz, la verdolaga enmascarada, reafirmó en mi vida. Esta nota es totalmente dedicada a ella, a su trabajo y sus aportes a la vida y cultura popular mexicana. Dedicada a su memoria.

Lourdes Ruíz nació en 1971, en su adorado Tepito en la Ciudad de México, y desde niña se enfrentó a retos que formaron su fuertísimo carácter. Empezó a trabajar a los 9 años cuando puso su primer negocio vendiendo zacates, luego en la escuela vendió dulces y ya más grande ayudaba en el puesto familiar, también como vendedora.

Evidentemente involucrada desde pequeña en el comercio, pronto abrió el negocio con el que sacó para vivir y que atendió hasta sus últimos días: ropita para niños.

El primer golpe horrible que le dio la vida y por el cual se lleno de rencor fue padecer cáncer desde que estaba en la primaria ¡zaz! Los doctores no le daban más de 15 años de vida. Tenía que correr y correr muy rápido porque desde la perspectiva médica no le quedaba mucha vida y ella sí quería vivir.

Trató hacer de todo lo más rápido posible, porque literalmente no sabía si al día siguiente iba a seguir respirando, fue inconsciente y no le importó los estragos sentimentales que eso le podía dejar. Fue grosera con su mamá, se salió de su casa para vivir sola, fue alcohólica, drogadicta y estuvo sola, muy sola.

Pero gracias a la gente que la quería y a sus reuniones en AA, salió adelante, venció sus enfermedades, revaloró a su madre, a su familia y pidió perdón como solamente la gente cabrona puede hacerlo. Se levantó y continuó su vida como comerciante, su oficio querido.

Lourdes siempre fue una tepiteña cabrona y conocida, pero su historia como la reina del albur es la que la catapultó a la fama en todo el país, cuando en 1997 ganó dicho título, muy a pesar de las personas que personalmente le decían que “las mujeres no podían alburear porque no tenían pene”.

Después de ganar el concurso llamado “Trompos contra perinolas” se dió a la tarea de educar en ese fino arte y comenzó a impartir diplomados avalados por el Conaculta y el INBA, a través de la galería José María Velasco y el Centro de Estudios Tepiteños. Y es que a Lourdes siempre le apasionó compartir su sabiduría.

A partir de esto escribió junto a Miriam Mejía una guía básica (y unisex) para alburear, bajo el título Cada que te veo palpito. Nada mal para una mujer que “no podía alburear”.

Pero Lourdes nunca se detuvo, ella fue siempre promotora de Tepito y participaba en cuanta actividad cultural podía para quitar los estereotipos delictivos del lugar que la vio nacer.

Su último proyecto fue apoyar y coordinar la venta en diferentes puntos de Tepito de las playeras de la colección Resiste de Ricardo Seco, una pasarela que se presentó en Nueva York, trajeron a México y que pretende rendir tributo, desde la moda, a la identidad y folclor de un lugar histórico para la CDMX, de Tepito.

Termino esta nota platicándoles que, además de todas las increíbles cosas a las que perteneció y fundó en el Barrio Bravo, Lourdes fue también parte de las siete cabronas e invisibles de Tepito, siete mujeres que por sus valores y forma de luchar son consideradas pilares en la vida cotidiana tepiteña, pero esa historia quizá se las puedo compartir en otra ocasión.

Lourdes Ruíz, la verdolaga enmascarada, falleció el 13 de abril del año pasado, dejando un vacío gigante y al mismo tiempo una hermosa alegría en la cultura popular mexicana. La reina del albur no solamente es un ejemplo puro de lucha mexicana, es también una referencia feminista hermosa, de verdad divina, que llegó a mi vida para revolucionarla y espero que a la tuya también, al escuchar su historia.

“Para mí ¿qué es tepito? Un orgasmo […] Es un mundo dentro de nuestro mundo. […] Yo no soy de Tepito, Tepito es mío” – Lourdes Ruíz.


Francelia Bahena es diseñadora y comunicóloga visual, practica pole dance y a veces juega fut. Es mexicana y le encanta hacer investigaciones sobre ecología, sustentabilidad, personas que admira y moda (incluyendo los procesos de producción) para crear entre todos un mundo más responsable y consiente.

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