Tarantela

Texto: Irma L Uribe (@irmolauro)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Subrayé tantas frases al leer este libro, que al final ya no me sirvieron de gran cosa. Así es esto. Siempre subrayo los libros; éste lo releí apenas, con la intención de refrescar mi memoria para reseñarlo y acabé subrayando más y ahora no sé por dónde empezar. En fin, voy a empezar por las coincidencias: yo también nací en 1984. Nací en día par, mes par, año par. Pero desde siempre me gustan los números impares: el 9 porque era el favorito de mi abuelo y el 3 por gusto propio. Me han dicho que seguro es porque tiene muchos significados y porque la vida (y la muerte) llegan de tres en tres. Quién sabe. Pero me gustan el nueve y el tres y en Tarantela el tres y los triángulos tienen mucha presencia. Segunda coincidencia.

Hay más coincidencias; un montón. Jamás sabremos si existen porque Abril y yo nacimos en el año de la rata. Pero no seguiré con eso porque entonces esta reseña ya no será reseña. Escrita en primera persona, esta novela de Abril Castillo, editada por Antílope y publicada en 2019, es una oda a la vida (¿y muerte?) familiar de los noventa y dosmil. Parece un recuerdo colectivo. También parece una tragedia -hay muerte y hay drama, romántico y no romántico-. Sin embargo, creo que es más una carta de navegación inversa de alguien que ya está llegando a puerto, que voltea para atrás y desde lejos ve cómo llegó ahí por un camino no planeado y construyendo sobre recuerdos propios y ajenos y puede empezar a entender; el milagro de una generación amante de la terapia.

La narradora tiene el don de ir y regresar a su infancia, entender las cosas como las veía entonces y cuestionar qué tan cierto es lo que vemos cuando los otros ven algo más, qué tan verdaderas (¿absolutas?) son las verdades. Llegar a casa de su mamá por sopa – remedio infalible para casi cualquier cosa- a sus treinta para dejar dormir a la niña de seis. Saber que en ella habitan muchas: la de cinco, la de nueve, la que protege a su hermano, a su mamá, a todos, pero quisiera que alguien la cuide a ella; todas, cada una con recuerdos y preocupaciones y remedios diferentes. Ver en su ermano un vínculo con todas esas ella y con todo lo demás: los otros, lo externo, el mundo, el mar. Encontrar en el veneno un antídoto. Terminar con las maldiciones.

Les dejo algunas de las cosas subrayadas, medio resumidas, medio parafraseadas, namás para usarlas y que no se queden ahí. Comer mangos con las manos (mi hija le dice “comer mango Acapulco” porque así se lo come mi suegra y ella es de Acapulco); el uso repetido de la palabra hipotenusa como conector, como lo necesario para formar el triángulo; el vaivén de los roles en la relación con su mamá; los remedios que inventamos pero que funcionan porque “la magia se siente igual que la realidad”; los significados cambiantes de los objetos, las muchas cosas que son las cosas; la descripción de lo propio para alejarnos; lo tangible del dolor y la enfermedad que causa el control.

Esta reseña al final no fue reseña -o no sé, ¿quién define esas cosas?- Pero es con lo que me quedo de Tarantela, esperando sea suficiente para que vayan y la lean.

Aquí pueden ver el #JueveDeAmores donde nuestra querida pluma Julia Reyes Retana entrevistó a Abril Castillo sobre Tarantela, mientras se tomaban uno (varios) caballitos de Mezcal Amores.


Irma L Uribe es fundadora de ateconqueso, una empresa social que busca que todos los niños tengan libros en su casa. Es feminista desde hace mucho y mamá desde hace poco. Cree que los libros son también juguetes y tiene la manía de subrayarlos. Le gusta leer y escribir y junto con las demás, creó La pluma abominable como un pretexto para hacerlo más en serio. Es autora de varios títulos infantiles y en otra vida se dedicó a la política social.

Julia Reyes Retana es arquitecta, aunque nunca se ha dedicado a la arquitectura. Tiene un taller y marca de costura Chocochips Costura de Estación dedicado a la producción de objetos textiles y a la impartición de cursos de costura y técnicas textiles. Dibuja desde que tiene memoria y la ilustración es la base de la que germinan todos sus proyectos, dibujos que se transforman en cosas. Actualmente dibuja todos los días y a todas horas.

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