Maternidad confinada


Textos: Mariana Velarde (@marianavelarde)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Coser pequeñas alas
en los estribos
y colgar las piernas.

Recuerdo claramente los primeros días del inicio de la cuarentena en México. En lugar de preocuparme por lo que se veía venir,  estaba encantada de poder pasar más tiempo con mi hijo. Tiempo más allá de los espacios que habíamos creado rutinariamente. Tiempo repartido en las mañanas, antes  de llevarlo a la escuela. Tiempo por las noches, cuando luego del trabajo nos disponíamos a cenar, platicar un poco sobre su día e irnos a dormir no sin antes haberle contando un cuento. 

Soy una madre trabajadora que como miles en mi país y en el mundo ejercen la maternidad en medio de un cúmulo de retos y dificultades que se hacen presentes en contextos donde existen muchas desigualdades. Vivo con un remordimiento al salir de casa y dejar los cuidados de mi hijo en terceras personas. Las ocasiones en que por elección o necesidad he dejado de trabajar, vivo pensando en todo aquello que podría estar haciendo, de no haberme quedado en casa. Sirva esta pandemia para cambiar todas aquellas realidades que nos impiden vivir en un mundo más igualitario.

Mirar el reloj:
a punto de partirme en dos,
a punto de parir-me,
a punto de.

Gracias a la cuarentena es que he podido conocer y acercarme más a mi hijo. En poco más de dos meses transcurridos ha mudado cuatro dientes y ha dado un salto a la autonomía. A la autonomía de un ser que a sus escasos siete años de edad empieza a comprender sobre la vida que le ha tocado vivir; el cuerpo en el que habita, la familia que somos, la ciudad, el país y el mundo en el que vive. Todo esto en tiempos del coronavirus.  

Cada vez que me conecto a una reunión virtual, él decide asomarse. Le gusta la idea de hacerse presente frente a quienes comparten conmigo amistad, trabajo, familia o una relación de pareja. A mí me gusta la idea de verle tomar su lugar en el mundo.

Entrañas cubriendo entrañas.
Y no sentir
y no sentir nada
ni siquiera los puntos
ni siquiera asco
al ver de reojo la bolsa
escurridiza y púrpura,
no sentir nada.

Lo más importante es estar bien, Mamá, escucho cada vez que hago notar el cansancio, el estrés, la preocupación, el miedo y muchas veces la desesperación que causa vivir en constante incertidumbre. Y es que la incertidumbre es lo primero que sentí cuando por primera vez lo tuve en mi brazos, cada uno de los días transcurridos después de su llegada. Y es lo que siento ahora, confinada con él en un lugar acechado por la muerte.  

¿Qué va a ser de él si yo me enfermo y no logro vencer el virus? ¿Qué va a ser de él si el que se enferma es su padre? ¿Qué mundo le tocará vivir después de la pandemia?  Preguntas que me hago cada que logro descansar la cabeza sobre la almohada.

No sentir
sino  ser
el flujo del colostro
vertiéndose / en su boca diminuta
sino ser

La maternidad se parece mucho a lo que estamos viviendo en este confinamiento. Cuando llega no sabes qué hacer con ella, no hay certeza de por dónde pueda transitar y no hay garantías de llegar al lugar que una habría imaginado. Es ensayo y error, es alquimia, es caminar siempre sobre una cuerda floja, aceptando la posibilidad permanente del riesgo de caer en el abismo. Es un mar de fluctuaciones en el que se navega  -en el mejor de los casos- con un mapa de referencia.  Es un lugar en el que no se puede dejar de estar.

[once horas diecinueve minutos]
[once horas diecinueve minutos]
huérfana del vientre
la blanca leche / que nutre a dios.*

Después de largos días de confinamiento comienzan a difundirse noticias sobre las posibilidades de tener una vacuna que logre combatir la enfermedad. Será ésta una de las grandes esperanzas a las que estarán atadas nuestras vidas en los siguientes días, meses. Mientras eso suceda, la vida seguirá transitado en los límites de lo indispensable y en los cuidados que nos brindemos los unos a los otros.  Mientras, nos queda el proceso humanizador de la maternidad, sabe o intuye que todo se reduce a lo esencial.


*Poesía de Annalisa Marí, 1983

Mariana Velarde es madre y profesionista. Chilanga de nacimiento.  Maestra por la UNAM, se desempeña como asesora en la Cámara de Diputados y es docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 

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