Somos una sopa viviente

Texto: Jill Anderson (@jillanderso)

Ilustración: Julia Reyes (@julitareyes)

En su artículo “Lo imposible ya nos pasó: Lo que el coronavirus puede enseñarnos sobre la esperanza“, Rebecca Solnit nos sugiere que esta pandemia y sus consecuencias trágicas, masivas, aislantes y volátiles son como la “sopa viviente” de una oruga en catalizador, en formación, haciendo la labor sumamente creativa y messy de convertirse en una mariposa. Espera que algunas de nosotras actuemos como las “células imaginales” que se organizan y se unen para que el proceso de descomposición poco a poco se transforme en una mariposa.

La verdad, hoy en día, no me siento nada imaginal, nada imaginativa. Para aprender más sobre este otro proceso celular, a diferencia de la multiplicación de las células de coronavirus en los pulmones, leí más sobre estas células imaginales. Aparentemente, son organismos unicelulares que funcionan de forma aislada hasta que comienzan a conectarse con otras células imaginales en grupos. El desorden espeso de la oruga deshaciéndose incluso ataca las células imaginales en una respuesta automática del sistema inmune, pero aún así, continúan multiplicándose, hasta que en algún punto de inflexión, los grupos separados se organizan para formar el organismo de una mariposa.

Aclaración: me quedé dormida durante unos 40 segundos mientras escribía. Son las 5:20 pm en la Ciudad de México. Mi hija de cinco años está sentada a mi lado jugando en una tableta electrónica. “P for penguin, R for rabbit, U for unicycle….” 

Sigo reflexionando. Me considero parte de una célula imaginaria humana. No yo, sino yo con otras y otros. Durante siete años, he estado caminando, aprendiendo y organizándome con mujeres y hombres deportados y retornadas quienes han enfrentado crisis tras crisis, personales y colectivas, con la determinación de no solo sobrevivir sino prosperar. Varias de ellas han rechazado el mito del “sueño americano” en favor de construir relaciones, comunidades y valores de bienestar translocal, de economía solidaria, de justicia transformativa ante la supremacía blanca, el patriarcado, y el capitalismo en sus manifestaciones distintas pero entrelazadas aquí en México y allá en Gringolandia. Hemos crecido como comunidad transfronteriza, lenta pero segura. Otros grupos organizados han crecido a nuestro alrededor, aliados con nosotras, organizadas junto a nosotras. Hasta este punto, la analogía me sirve. Es elegante, es realista. Somos imaginal cells y más cuando estamos organizadas con el liderazgo de las que han sufrido la expulsión y la explotación sobres sus cuerpos. Y somos muchas. 

Pero es difícil sentir cuándo o cómo será el punto de inflexión. Supongo que Rebecca Solnit y yo estamos de acuerdo en que la oruga es una metáfora para la sociedad organizada en torno a la extracción y la explotación y la violencia, y que la mariposa es una metáfora de la sociedad reorganizada en torno al cuidado y la justicia. ¿Pero cómo, cuándo todo se pinta peor cada día? Como escribió Roxane Gay, “no hay fondo” / “there is no rock bottom.”  

Por ahora, decido vivir la realidad de este momento, la sopa viviente, las células imaginales atacadas de manera defensiva, toda movida, toda viviente. El Coronavirus llega a exponer la corrupción y el vacío a todos los niveles de nuestras sociedades, no desviamos la mirada, abrimos nuestro corazón a romperse otra vez, escuchamos a las personas que más sufren la violencia y el abandono de estos sistemas, y a la tierra que llora y brinca con asombro. Nos escuchamos como nunca hemos escuchado antes. Ponemos pausa a formular planes y culpas y juicios. Mejor nos empapamos en esta sopa viviente, este fuego sagrado y enojado, para que seamos deshechas y transformadas. Buscamos relacionarnos de otras formas, con más cuidado pero también con más claridad, humildemente como las mismas mariposas, quienes vuelan juntas y pequeñitas a lo largo del continente, a pesar de todo. Eso va por la Vida.


Jill Anderson es una mujer transfronteriza, activista, mormona feminista, mamá e hija. Nació en Provo, Utah, creció en Houston, Texas, y es una inmigrante a la Ciudad de México desde hace 14 años. Egresada de la Universidad de Texas en Austin con un doctorado en Letras, se fue agarrando otro título más allá del PhD en la Casa de los Amigos y las calles de la Colonia Tabacalera. En 2014 publicó el libro Los Otros Dreamers con la fotógrafa Nin Solis, y ha publicado un par de cosas más entre parir, cuidar, cocinar, y co-fundar ODA Otros Dreams en Acción con Maggie Loredo. Se dedica a gozar la vida en comunidades diversas a través de una práctica constante de poner sus “privilegios” dados y construidas de manera violenta a servicio del apoyo mutuo y cambio radical. Un camino de prueba y error, de perder para ganar, y de mucho amor. 

Julia Reyes Retana es arquitecta, aunque nunca se ha dedicado a la arquitectura. Tiene un taller y marca de costura “Chocochips Costura de Estación” dedicado a la producción de objetos textiles y a la impartición de cursos de costura y técnicas textiles. Dibuja desde que tiene memoria y la ilustración es la base de la que germinan todos sus proyectos, dibujos que se transforman en cosas. Actualmente dibuja todos los días y a todas horas

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