Recordar en el tiempo

Texto: Paula Tece (@manosliterarias)

Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)

Ixtepec, la voz narradora y el lugar de Los recuerdos del porvenir (1963), relata la historia de quienes lo habitaron, a veces usando el “yo” singular para echarse flores y recordar los buenos días, y otras más usando el plural “nosotros” para recordar las penurias de los personajes, que son su propia historia. Sus personajes viajaban al olvido a través de los recuerdos, a los momentos a través de la esperanza, y al futuro a través de la nostalgia. Muy vívidamente, Ixtepec describe los colores, olores y sabores que acompañaron sus calles empedradas durante días trágicos, llenos de incógnitas y traiciones. Las mismas que retratan a México a lo largo del tiempo.

Elena Garro, a través de lo que pasa en Ixtepec, nos sitúa en un contexto histórico posterior a la Revolución, la cual arrastró conflictos religiosos y políticos por muchos años más que estallaron en la Cristiada. Garro escribe sobre la historia de México, sobre aquella sombra de política inestable que acecha los ayeres y acechará muchos días más.

La escritora Gabriela Cabezón Cámara describió esta novela como “un día latinoamericano” por ser eternamente largo y trágico en la historia ya tan conocida. Yo misma también viajé a mi infancia en Puebla que, aunque no es tan lejana, tuvo imágenes de las mismas mujeres atrapadas y calladas (por costumbre más que por naturaleza) y el mismo polvo que adorna las calles tristes y cansadas de vivir siempre lo mismo. No es que la historia se repita, sino que la historia pareciera estancarse en los mismos hechos aún cuando el tiempo corre.

Ixtepec también habla sobre el tiempo como gotas escurridizas que escapan por caminos distintos. El tiempo está congelado como un hielo y, sin dejar que el hielo se derrita completamente, se le escapan gotas de agua, igual que al tiempo se le escapan los recuerdos. 

“¿De dónde llegan las fechas y a dónde van? Viajan un año entero y, con la precisión de una saeta, se clavan en el día señalado, nos muestran un pasado, presente en el espacio, nos deslumbran y se apagan. Se levantan puntuales de un tiempo invisible y en un instante recuperamos el fragmento de un gesto, la torre de una ciudad olvidada, las frases de los héroes disecadas en los libros o el asombro de la mañana del bautizo cuando nos dieron nombre.”

Lo que queda claro es que sin importar en qué momento de la historia estemos, siempre será oportuno elogiar a Elena Garro por Los recuerdos del porvenir.


Paula Tece nació en Puebla y ahora radica en Estados Unidos, donde estudió Literatura y Relaciones Internacionales. Le gusta la literatura latinoamericana porque así aprende sobre la historia e identidad del continente, y en sus tiempos libres escribe en el blog Manos Literarias.

Julia Reyes Retana es arquitecta, aunque nunca se ha dedicado a la arquitectura. Tiene un taller y marca de costura “Chocochips Costura de Estación” dedicado a la producción de objetos textiles y a la impartición de cursos de costura y técnicas textiles. Dibuja desde que tiene memoria y la ilustración es la base de la que germinan todos sus proyectos, dibujos que se transforman en cosas. Actualmente dibuja todos los días y a todas horas.

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