Estudio vital para escribir una historia del arte disidente: Desnudo y arte, de Eli Bartra

Texto: Valeria Matos (@matosvaleria)
Ilustración: Julia Reyes Retana (@julitareyes)


Eli Bartra fortalece la óptica feminista con el propósito de encontrar lecturas divergentes a las tradicionales dentro de la historia del arte. Por lo tanto, las diferencias se presentan.

Flores naranjas de un tamaño irreal, coníferas, ninguna alta, un paisaje con cielo despejado enmarcan a Remedios, quien busca frutos en el bosque con canasta en mano. Cabello oscuro largo, casi a la cintura, ojos oval bien abiertos, anda descalza, desnuda. Al cuerpo lo sostiene unas piernas delgadas. No se miran senos perfectos, ni caderas prominentes. Asoma el ombligo, después el vello púbico abundante. Es Remedios libre, pintada al estilo naïf por Montserrat Aleix. 

Eva, con un cuerpo escultural, se levanta en el centro del árbol de la vida. Senos grandes, firmes. Solo le cubre el sexo una reducida pantaleta blanca. Posa. No camina, no ríe, no se mueve, no hace. Se deja observar. El autor: Heriberto Castillo. 

Mirar la obra plástica no es suficiente. Una de las mejores lupas se construye con la metodología que toma en cuenta no a una sociedad desde el punto de vista androcéntrico, sino también a las mujeres en sus diferentes épocas, sociedades, ámbitos, quehaceres, limitaciones, logros y más, lo que ha dado como resultado nuevas lecturas de la producción artística. 

Desnudo y arte es fundamental en la lente mencionada. Me refiero al novedoso estudio de Eli Bartra publicado por Ediciones Desde Abajo (2018), dentro de la colección Feminismos Nuestroamericanos. En este, Bartra se propone reflexionar y comparar las representaciones del cuerpo desnudo femenino, además de su desnudez, creadas por hombres y mujeres. El periodo de investigación se enfocó en las artes de México durante el siglo XX e inicio del XXI, aunque retomó los antecedentes europeos. Por cierto, la autora no discriminó entre las manifestaciones plásticas, por ejemplo, pintura, dibujo, grabado, escultura, fotografía y arte popular.

Bartra se propuso comprender, a partir de un estudio interseccional, la percepción que ambos géneros han tenido sobre el cuerpo femenino desnudo y desnudado. Asimismo, suma la mirada estética lésbica y homosexual con el objetivo de averiguar si hay propuestas dispares por su parte. Busca lo femenino en el arte, lejos de los esencialismos, pues afirma que no existen, mas pone atención en la experiencia de los géneros sumergidos en ciertas culturas y momentos históricos específicos.

La doctora Bartra elaboró preguntas singulares para analizar desde nuevas perspectivas la obra: ¿de qué manera se ha representado en las artes visuales el cuerpo desnudo de las mujeres? ¿Existen diferencias entre las representaciones realizadas por ellas y ellos? ¿Existe la creatividad femenina? ¿Cuál es la función social que el desnudo femenino ha tenido? Se lo pregunta y arranca un interesante análisis al respecto. Entre sus pesquisas adelanto: el desnudo femenino representado por hombres lo encuentra como el canon imperante, como la escenificación del deseo masculino, así, es un objeto sexual conformado por características pasivas, débiles, de belleza artificial, estereotipada, con frecuencia de estilo erótico, pornográfico o ambos; en cambio, el desnudo elaborado por mujeres se muestra dinámico, las figuras son sujetos de acción en las escenas que se acercan a lo lúdico, lo político, la denuncia, lo real, a lo concerniente de la propia artista (sus actividades diarias o experiencias individuales de diversas índoles).

La investigación versa sobre la regla, lo establecido, producto de mentes patriarcales privilegiadas dominantes, y sus rupturas llevadas a cabo por sujetos femeninos disidentes en distintos talantes y grados. Se contraponen cuerpos insertos en lo acostumbrado (la juventud, lo icónico, la mexicanidad, la sensualidad, lo explícito escenificado por el cuerpo de una mujer generalizada, construida, lejana de lo real) ante cuerpos de mujeres, en plural, con la diversidad que ello implica, proponiendo estéticas no hegemónicas gracias a formas imperfectas, cercanas a lo natural, incluso marcas de dolor o placeres varios como expresiones de vida.

Este trabajo descubre al cuerpo desnudo femenino representado (masa maleable en la psique, performativa, depositaria de significados múltiples y móviles) como el protagonista de un extraordinario y completo rompecabezas y un catálogo artístico mexicano con descripciones puntuales, además de interpretaciones sui géneris, lascuales alumbran caminos nuevos en los avatares feministas.

Observe. Es Minerva, la diosa de las artes, de la sabiduría, la diosa guerrera. Sin embargo, Minerva no se sostiene en pie de manera común. Minerva no se percibe quieta con lanza en mano envuelta en túnicas. Aparece joven, desnuda, toma los ropajes para vestirse mientras arroja una mirada seductora a quien la descubre. Ser vista no parece lo más importante para ella. Tomará su escudo y yelmo, éstos esperan a ser colocados debidamente para librar una batalla; por ahí aparece una criatura infantil (alusión a la maternidad, recalca Bartra). Lavinia Fontana (1552-1614) pintó a la mítica diosa en acción, no como objeto contemplativo. “Se podría decir que es muy femenino, pero en el doble sentido, dentro de lo clásico y contra él pues ella detenta poder (no es una modelo nada más) como diosa de la sabiduría y de la guerra”, subrayó la investigadora.

Para leer una obra de arte, no interpretarla, sino saber qué nos comunica, en palabras de la doctora Bartra, es importante adentrarse en un contexto lo más completo posible. Yo agregaría un elemento más enlazado con la subjetividad: mujeres que se representan a sí mismas en combinación con mujeres que leen el arte hecho por otras mujeres… No somos espejos, sino mujeres diversas con ciertas experiencias convertidas a veces en redes empáticas. Lo complejo que de ello resulte: una lectura más certera frente a la expresión artística femenina. 


Valeria Matos mezcla realidades de otros tiempos y ficciones a través de la escritura. Tiene el título de Maestra en Estudios de la Mujer de la UAM-Xochimilco y es Licenciada en Historia por el Instituto Cultural Helénico-UNAM. 

Está interesada en el análisis de los procesos históricos y los productos culturales con el objetivo de visibilizar la participación de ellas y la inequidad entre los géneros. A partir de lo anterior, reflexiona sobre el presente. Su tema preferido: la presencia de mujeres. Habla de esto (y por lo tanto de la vida) en el Museo Memoria y Tolerancia, en donde la invitan muchos viernes al año. 

Cuenta con diversas publicaciones, que incluyen Esencia de Líder (2016), bajo el sello Grijalbo, en coautoría con Alejandra Llamas, y ¿Vivir del arte? Sí. El universo del mercado y la valuación de las artes plásticas (2018), en coautoría con Rafael Matos, publicado por Puntal, Fundación Javier Marín. 

Es heredera de la insurrección femenina. Es la molestia del siglo, es feminista.

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