Mercè Rodorera, el protofeminismo catalán en sus novelas
Texto: Marion Bloom
Ilustración: Julia Reyes (@julitareyes)
Para Neus Ortega Molinos, por la eterna enseñanza.
1975 es el año que se tiene como el registro del primer movimiento feminista catalán como tal. Las primeras jornadas, así como el manifiesto del 8 de marzo de 1975, dan el primer esbozo de lo que las mujeres catalanas querían como una liberación, y una toma de sus derechos, más allá de luchas partidistas, como había sucedido en años anteriores.
Este movimiento feminista es uno de los más importantes en el mundo hispano, siendo uno de los primeros que desolla con fuerza y que, con base en documentos, se manifestaba por la equidad.
Dentro de la vasta producción de las letras catalanas, podemos destacar algo que puede llamarse “protofeminismo”, gracias a los temas que tratan algunas autoras, como Mercè Rodoreda, una de las máximas exponentes.
La literatura de Rodoreda es conocida a nivel global, con traducciones del catalán a otros idiomas, lo que hace, según Francescs Garreta, que sea la escritora catalana más conocida del siglo XX.
El tema central de los textos de Mercè es el amor en todas sus facetas y formas; yendo de lo más cruento hasta el ideal, pero siempre con un crecimiento o madurez que desnuda a cada personaje, al punto de llegar al extremo de las situaciones que los rodean.
Siempre con el recurso del monólogo interior que coquetea en una falsa primera persona, las “heroínas” de sus novelas llevan una carga importante de crecimiento; por ejemplo, en Aloma (1938), la voz de la chica y de la narración se entremezclan en una divagación de pensamientos; en La Plaza del Diamante (1962), el monólogo interior y la fragmentación de discurso de Natalia, la “Colometa”, es un río salvaje por donde su vida corre y se arremolina; mientras que en La calle de las camelias (1966), los pensamientos de Cecilia y las voces que escucha son las que se desenvuelven en la historia de búsqueda. Hay otras novelas como Cuánta, cuánta guerra (1980) en donde el lenguaje de la alucinación se hace presente, o en cuentos como en “Una hoja de geranio blanco” o “La blusa roja”, en los que lo sensorial se compagina con el lenguaje.
Pero no sólo la forma de narrar y de tratar el amor es importante en Mercè Rodoreda ya que, como se dijo anteriormente, en sus textos encontramos un esbozo de un protofeminismo catalán. En Aloma la chica siempre busca un amor ideal que se concreta de mala forma, y ella afronta las consecuencias a pesar de lo que pueda decir su hermano, que es la única familia que le queda; además, las acciones de la propia Aloma reflejan a una chica que ve por su libertad en pleno inicio de la Guerra Civil española. Este carácter es aún más fuerte en Natalia, la “Colometa”, quien a través de su stream of consciousness construye La Plaza del Diamante; novela en donde la dominación del hombre se contrarresta con la del dominio del lenguaje de la protagonista. El sometimiento al que la tiene sujeta Quimet, su primer esposo, es tal, que parece que Natalia no tiene voluntad; sin embargo, el esposo es dependiente de ella. Natalia toma todas las formas posibles del poder al quedar viuda y no vemos a la clásica madre abnegada, sino a una mujer que incluso busca en la muerte el bienestar de sus hijos. La Plaza del Diamante es un discurso donde la fuerza de la mujer se manifiesta en todas las situaciones de riesgo que ocurren mientras Natalia sobrevive a una Guerra Civil y en donde siempre se busca a sí misma, incluso cuando el destino ya la lleva por una corriente ineludible.
En el caso de La calle de las camelias, el discurso de la libertad de las mujeres está presente en todas sus páginas. Es una novela de formación de una chica libre, que habla de abortos, de casas de citas, de liberación sexual, en una construcción narrativa llena de fragmentos y silencios puestos en la voz de Cecilia, quien lucha por su autonomía. El lugar donde ella se siente libre es en su sensualidad y en la apropiación de su cuerpo.
En estas tres novelas podemos ver elementos que en los setenta las feministas catalanas pregonaban en sus discursos y octavillas para la liberación de la mujer. Mercè Rodoreda escribía desde la opresión, no sólo por ser mujer, sino también por ser catalana, siempre procurando que los discursos de sus personajes manifestaran su lucha por los derechos, por la libertad de sus pensamientos.
Julia Reyes Retana es arquitecta, aunque nunca se ha dedicado a la arquitectura. Tiene un taller y marca de costura “Chocochips Costura de Estación” dedicado a la producción de objetos textiles y a la impartición de cursos de costura y técnicas textiles. Dibuja desde que tiene memoria y la ilustración es la base de la que germinan todos sus proyectos, dibujos que se transforman en cosas. Actualmente dibuja todos los días y a todas horas